Eran felices. Se querían. Ella lo quería, y él a ella. Todo era perfecto, y así fue durante mucho tiempo. Parecía que el amor nunca acabaría, se sentían afortunados. Pero un día, sin motivo alguno, se dejó de sentir así. Se miraban y no era lo mismo, los besos ya no significaban nada para él; se sentía culpable, pues sabía que ella aún le amaba. Él no la quería hacer daño, pero sabía que ella merecía ser feliz.
Ella estaba triste, no llegaba a entender como el amor se había acabado así, de repente, sin ninguna razón. Ella empezó a aislarse; no quería volver a sufrir, y para ello dejó de ser feliz. Sus amigas no sabían qué hacer, ella siempre había sido fuerte y ahora... era tan frágil.
Un día decidió salir de su burbuja, decidió ser fuerte como siempre había sido, pero se hizo una promesa: no volver a confiar en el amor. Sin embargo, cuando le vio, no lo pudo evitar. Había pasado tanto tiempo... él parecía más alto, más guapo, sus ojos eran más claros y su voz era distinta; pero su mirada era la misma y su sonrisa era tal y como la recordaba. Entonces se fijo más, el sonreía y miraba... pero a otra chica. Ella se sentía mal, traicionada...pero ¿traicionada por qué? Él ya no era su novio... Le volvió a mirar y lo comprendió: el amor no se acaba sin motivo, se acaba para que otro pueda empezar. Tal vez sea mejor, tal vez sea peor, pero sera otro al fin y al cabo.

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