Él

8 mar 2014

Era maravilloso verlo, ¿cómo un “simple chico” podía causar tanto en mí? ¿Por qué sus ojos siempre brillaban? ¿Por qué nunca dejaba de parecerme perfecto? Lo quería, y no era una confusión, esas de las cuales tus padres quieren que lo sea. Era la realidad, cruel y hermosa realidad. Todo aquello era tan real, así como suele ser cuando no quieres que sea así. Me acerqué a mi asiento, sin despegar los ojos de su sonrisa, cuánto habría dado por ser la razón de aquella alegría. Cuánto habría dado para estar a un lado de él. Pensaba que él era guapísimo, pero no sabía cómo decirlo, a pesar de que solo fuesen dos palabras. Y también me costaba decirle te quiero, a pesar de que sí lo hiciera. Cosas tan hermosas y complicadas. Me senté y pude escuchar como sonaba el timbre para entrar a las clases. Inmediatamente el aula se llenó de los veintipico alumnos. Al igual que los demás. Giré la cabeza y lo vi, besándose con una chica, cuando dejaban de hacerlo, él se acercaba a su oído le decía cosas, al parecer bonitas, por su sonrisa. Por un momento me olvidé de todo,menos de él. Y cerré los ojos, tan solo escuchaba, y por casi un segundo quise ser sorda y ciega. Quise dejar de existir, y lo pensé, y supe que ya lo hacía, al menos para él. Empecé a llorar, y las cosas que él le decía al oído, cada vez subían más y más de volumen. Mientras que en mi cabeza se repetían, una y otra vez. Era un abismo, y cerrar los ojos ya no servía, porque sabía que eso no acabaría. Entonces desperté. Con lágrimas en los ojos. Y con un corazón frágil en mi cuerpo. Un vacío, un enorme vacío, algo me faltaba. A pesar de que solo había sido un sueño, me sentía mal. Tenía una enfermedad, que era un chico. Una mierda, que se llamaba vida. Y estaba en algo raro, que se llamaba adolescencia.

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