Mantente fuerte

6 abr 2013

Estás sentada en tu habitación, con un boli en una mano y un papel en blanco en la otra. Te tiemblan las manos y las lágrimas vuelven, por tercera vez en la última hora. ''Para mi familia'' escribes en la hoja, pero decides que es una mala forma de empezar tu carta, tu carta de suicidio. Lo vuelves a intentar, empiezas, una y otra vez, pero no sabes por dónde empezar. Nadie te entiende, nadie sabe lo que estas pasando; estás sola, o eso es lo que crees. A nadie le importaría si estás viva o no, a nadie le importas.
Es de noche, te metes en la cama y susurras "adiós" y con ese adiós respiras por última vez, y te vas.
A nadie le importas, ¿verdad? Bueno, pensabas mal. Martes de la mañana siguiente, a las 7:31 tu madre llama a tu puerta, no sabe que no puedes oírla, no sabe que te has ido. Llama un par de veces más, pidiéndote que abras la puerta. Cuando no obtiene respuesta abre, y grita. Se derrumba en tu habitación mientras tu padre corre hacia allí. Tus hermanos están en el colegio. Tu madre, débil, consigue la poca fuerza que tiene y se acerca a tu cama, se deja caer sobre tu cuerpo muerto, llorando, apretando tu mano, chillando. Tu padre intenta mantenerse fuerte, pero las lágrimas escapan de sus ojos, con una mano llama al 112 mientras con la otra abraza a tu madre. Tu madre se culpa. Todas las veces que te dijo 'no', todas las veces que te gritó y te mandó a tu habitación por alguna tontería. Tu padre se culpa por no haber estado cuando le necesitabas, por haber estado lejos por el trabajo. A nadie le importas, ¿verdad?
9:44. Llaman a la puerta de tu clase, es la directora. Parece más preocupada que nunca. Llama al profesor a que salga; los niños se preocupan, ¿qué esta pasando? La directora ahora les anuncia tu suicidio. La niña popular que siempre te llamaba gorda y se reía de ti ahora se culpa. El niño que siempre te copiaba los deberes y luego te trataba mal, se culpa a si mismo. El niño que te molestaba, tambien se culpa. La profesora se culpa, por haberte gritado algún día que se te olvidaron los deberes o que no prestabas atención a la clase. La gente está llorando, en shock, arrepintiéndose de lo que hicieron. Todos están devastados, incluso los niños con los que nunca hablaste. Aún así a nadie le importas, ¿verdad?
Tus hermanos llegan a casa, tu madre tiene que contarles lo que ha pasado. Tu hermana pequeña, no importa cuántas veces te haya chillado, dicho que te odia y quitado tus cosas, te quería; te veía como su heroína, su modelo a seguir. Ahora empieza a culparse a sí misma, ¿por qué había hecho eso que dijiste que no hiciera? ¿Por qué había cogido tus cosas cuando le habías dicho que no las cogiera? Era todo su culpa. Tu hermano llega a casa. Está en su habitación, el chico que nunca llora está enfadado con sigo mismo, había causado tu muerte. Todas esas veces que te molestó. Está dando golpes a las paredes, tirando todo, rompiendo cosas; no sabe cómo afrontar con el hecho de que te has ido. Para siempre. Aún sigues sin importarle a nadie, ¿verdad? ¿Verdad?
Ha pasado algo más de un mes. La puerta de tu habitación está cerrada, lo ha estado todo este tiempo. Todo es distinto ahora. Tu hermano tiene que ir a clases para controlar el enfado, tu hermana llora cada noche esperando que vuelvas. Cada día espera que vuelvas a casa. Las niñas populares ahora tienen anorexia, porque no saben cómo lidiar con la culpabilidad por tu muerte. Tu padre tiene depresión, tu madre no ha dormido por días, es todo culpa suya. Ha estado llorando y chillando cada noche deseando que vuelvas. Ese chico que siempre te molestaba ha dejado el colegio. El chico que te copiaba los deberes ahora se corta. Pero a nadie le importas, ¿no?
Tu madre finalmente decide ir a limpiar tu habitación. Lleva dos días encerrada en tu habitación intentando limpiar tu ropa, tus cosas. Pero no puede. No puede decirte adiós, no aún, no ahora, nunca.
Es tu funeral, uno grande, todo el mundo acude. Nadie sabe qué decir. La niña de sonrisa preciosa se ha ido, estás en alguna otra parte. Nadie sabe qué decir, todos siguen en shock. Todos lloran, todos te echan de menos. Desean que vuelvas, pero no lo haces, no lo harás.
Ahora para un momento y piensa, si te mataras, ¿que sentirían los demás? ¿Por qué pasarían ellos? ¿No se te ocurre nada? Bueno, yo te lo digo: lágrimas, lágrimas y más lágrimas. Devastación, culpa, dolor, tristeza, arrepentimientos, sufrimiento.

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