Te fuiste y me dejaste sin palabra alguna. Te fuiste y te llevaste todo lo que quedaba de mi y sólo dejaste mil planes deshechos y cientos de recuerdos para al menos tener algo con qué explicarle a mi mente enferma que algún día existió algo y justificarle a mi corazón esa nueva herida. Aún así quedé vacía y una vez más el vacío me tragó y me sumió en lo más profundo de la nada porque sólo ahí te puedo recordar a gusto. Porque te fuiste y te llevaste mi alma. Porque, aunque me cueste admitirlo, aún lo siento… Y te siento, y te extraño y duele. Me duele con todas esas malditas ganas que no dejan de pedirte, obligadas por mi lado masoquista y estúpido en el que aún tengo esa esperanza de que vuelvas a mi, a llenar ese vacío, a sacarme de ese abismo, a traerme devuelta de esa ausencia mientras no tengo alma, a traerme a la vida.
Llámame loca, tonta, idiota, egoísta pero es que aún no pierdo la costumbre de mirarte y ver el sol, de escucharte y sentirme salvada y ¿sabes? Creo que se irá. Creo que poco a poco aparece otra persona que recompone todo lo que tu rompiste y me vuelve a hacer reír.
Es por eso que lo siento, pero ya no eres el motivo por el cual escribo, dejaste de ser mi inspiración desde el momento en que decidiste marcharte. Lo siento pero ya no más, me cansé de insistir. Mis palabras ya no serán para tí, encontré a alguien más para escribir.
Discúlpame pero ya no te puedo esperar, no puedo perder más el tiempo, sé que hice una promesa, pero es que en tí me he estancado. Te dejaré ir, y contigo se irán mis letras. Puedes dejar de preocuparte, yo dejaré de molestar. No pierdas tu sonrisa, esa sonrisa que siempre me gustó tanto.
Y es que el tiempo pasado es el que más duele.
Perdóname pero es el final. Yo que creía que algo sin comienzo no podía terminar. Mi eternidad, prematura se acabó. Mi mente ya no es tuya, mis párrafos ya no te pertenecen.
Hoy me desprendo de tí, ya no más palabras en tu honor.
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