Mi mundo era algo en el cual creía que yo era la única que podía entenderme. Caminaba y caminaba, buscando eso que jamás pensé que encontraría.
Había olvidado ya aquel camino que debía seguir y, de repente, ese sentimiento que todos en esta sociedad anhelan, me embarcó. Ese sentimiento que, vagamente, muchos llaman ''amor'', o eso era lo que mi confundido corazón creía. Pero esto no fue más que una simple confusión que, mágicamente, formó mi frustrado corazón. Esto sucedió tres veces. Tres veces en las cuales yo había buscado satisfacer mi alma; pero en estas frustraciones solo desarrollé escepticismo, frustración, dolor y autocompasión. Mi propia frustración me llevó a acabar con ello, y así un pedazo de mi tiempo y de mi alma fueron separadas de mi; y ahí comprendí que era algo que jamás podría volver a recuperar.
Cansada, me recosté a esperar mi destino, ''¿qué otra cosa me depararía?'' esa era una de las preguntas que me hacía día a día.
Resignada, sin saber que hacer, dejé de buscar tal ''fantasía'' y seguí con mi vida como toda adolescente. Pero, como dice el refrán, ''el amor es ciego'', y yo estaba cegada por ''una tierra prometida'' a la cual nunca accedería pero que, secretamente, nunca había querido acceder.
Y no me había dado cuenta de que tal ansiado deseo mío era el que tiernamente me decía ''buenas noches guapa'', o me provocaba innumerables sonrisas y me hacía sentir que podría dominar el mundo con la palma de mi mano.
Al adentrarme más allá de aquel sentimiento, me di cuenta de que ya era hora de ser feliz, de tomar las riendas de mi dispersa vida y a disponerme a ver a esa gran persona que rondaba por mi vida.
Ahora estoy llena de valor y nada podrá interponerse en mi camino, al ver esos preciosos ojos resplandecientes me siento querida. Puedo ver una historia escondida detrás de su mirada, una historia que me encantaría aprender, y a la que estoy dispuesta a pertenecer.
No hay comentarios:
Publicar un comentario