Escribir un camino

19 abr 2014

El único consuelo lo encuentro en pensar que las cosas son así por algo, que nada es pura casualidad. Muchas veces son las personas que se conforman con poco o las que no se molestan en que las cosas cambien, las que usan este modo de justificar algún desenlace que no les favorece, sea tanto del presente o de aquello que puede estar por venir. “Por algo será”. Pero no siempre es así, no es el caso de quienes no dejaron todo librado a la mera voluntad de un destino inalterable, no es el caso de quienes quisieron intervenir en él.
A veces nos encontramos frente a un “ahora” el cual se intentó cambiar (sea totalmente o no) pero no nos complace… 
Si las cosas no cambiaron como se pretendía, no fue por una fuerza externa. Casi siempre somos nosotros los que nos trazamos el camino y decidimos qué dirección tomar. Aquello sobre lo cual no tenemos poder de elección es lo que no nos pertenece, es ajeno, y lo ajeno casi nunca nos obliga a tomar una u otra de las opciones, tan sólo nos las presenta y queda a nuestra voluntad tomar uno u otro camino. Otra es la cuestión cuando desde el principio ya nada dependía de nosotros.
Nosotros nos marcamos el paso entre los pastos, a veces a golpe de machetazos, quizás sin saber qué nos espera delante… Pero a menos que uno quiera complicarse las cosas, no somos sólo nosotros, sino lo externo lo que nos marca el panorama que nos retrasa la llegada: Decide poner piedras de un lado, pero nosotros decidimos o esquivarlas, triturarlas o soportarlas; decide ponernos fuego delante, pero nosotros decidimos si apagarlo, o calentarnos y lidiar con las cenizas que puede llegar a dejar en nuestra piel, en caso de que se nos vaya de las manos. Nos complica le llegada, pero nadie dijo que las sorpresas son siempre malas, o que incluso lo complicado no tenga lo suyo de divertido o productivo.
Si nuestro presente es así tal como lo vemos y lo vivimos ahora, es porque no existió la fuerza de agarrar una hoja limpia, y hacer que el pasado se transcriba y que el destino se escriba de otra forma; libre de las manchas que el simple tacto y el paso del tiempo le dejan al papel.
Vivir es elegir… Si cuando tuve la oportunidad de escribir el destino de una forma, elegí otras palabras, fue porque eran ésas las que me salían de adentro, fue porque quise que mi mapa tenga huellas en un lado y no en otro. Si soy lo que soy y no otra, si perdí “amigos”, si perdí amor, si ahora me siento sola pero no tanto, si estoy acá y no allá… por algo será.
Y si de algo he de arrepentirme… ¿tiene sentido arrepentirse? ¿Qué opciones tuve al momento de elegir? ¿Qué hubiera significado uno u otro camino? ¿Fue posible haberlo sabido? ¿Fui yo quien se puso piedras en el camino? ¿Cuánto de lo externo condicionó mi desenlace? Ese final ya estaba condicionado desde el principio, ¿inalterable? 
En tal caso u otro, no le veo lo malo a arrepentirse… pero cuando pienso que no queda más que lamentarse, pienso en que yo me molesté por lograr el mejor final, y eso es suficiente para sentirme un poco más en paz conmigo misma.



No hay comentarios:

Publicar un comentario