Ella no es preciosa.
No, ella es un cúmulo de emociones, cayendo desde las nubes más oscuras como miles de fuertes gotas de lluvia, listas para ahogarte en un instante, si te acercas demasiado.
Ella es el sol que brilla en tu cara y te hace creer en los cuentos de hadas aunque juraste dejarlos atrás en quinto curso ya que eran estúpidos.
Ella es el viento, demasiado fuerte para dejarte pasar en una ventisca, demasiado orgullosa para dejarte ganar. Y aún así, como el cálido viento de verano calmará tu mente, extinguiendo en el proceso el propio fuego con el que te quemó.
Ella es fuerte como el diamante, formado en las condiciones más extremas, pero también es frágil como el cristal, fácil de romper y difícil de arreglar.
Sus sollozos te romperán el corazón y su risa te lo curará de nuevo, y te preguntarás cómo alguien tan feliz puede estar tan triste a la vez.
Sus palabras estarán escritas tan elocuentemente que te preguntarás dónde aprendió a hablar así y a expresar sus emociones tan bien. Y buscarás, bajo las muchas capas de contradicciones que esconde, para encontrar la chica perdida y asustada de hace tiempo.
Y si eres lo suficientemente afortunado para que te deje entrar, más allá de sus paredes fortificadas; si eres lo suficientemente afortunado para ver una parte de ella que es vulnerable y expuesta; inocente y confiada, no lo des por hecho ni la trates como si fuese insignificante.
Ella es compleja y un misterio. Pero si te da su corazón te querrá con fuerza y sin excepciones.
Ella no es preciosa. Pero espera que la quieras aún así.

No hay comentarios:
Publicar un comentario