Deseaba que quizás, solo quizás, me elegirías a mi; pero ella era preciosa y yo estaba rota, su sonrisa era como la luz del sol y la mía no reflejaba ni la luz más tenue. Sabía que no me debía haber abierto, sabía que no te debía haber creído cuando decías que era guapa, pero la sonrisa que aparecía en tu cara cuando decías que me querías creaba un fuego en mi interior que no puede morir. Solo palabras como 'nunca importaste nada' podrían frenar cómo me siento, pero ni siquiera tuve un adiós, simplemente te fuiste. Y yo te creí, de verdad que lo hice. Pero mis palabras no son lo suficientemente buenas para que tú pierdas el tiempo en ellas, siento no haber sido lo suficientemente buena.
No sé cuándo pasó, o por qué pasó. Simplemente paraste. No hubo más llamadas en medio de la noche cuando no podías dormir, no más mensajes en los que leer 'te echo de menos'; no es que necesitase leerlo, pero me gustaba pensar que era verdad. Cuando contestabas al teléfono tu voz sonaba distante, las excusas eran 'estoy cansado', 'no me siento bien'. Nunca sabía exactamente qué decir hasta que la conversación se había acabado. Yo siempre me aferré un poco demasiado fuerte, un poco demasiado tiempo. Pero tus brazos se pegaron a tu cuerpo, como murallas a tu alrededor. Me convertí en al enredadera que crece en los muros, intentando ser lo suficientemente alta para ver lo que hay al otro lado. Nunca fui lo suficientemente alta, nunca fui lo suficientemente buena.Y en poco tiempo, los te quiero fueron desapareciendo, se te olvidaron. Dejé de darme cuenta de cuánto tiempo tardabas en contestar, se volvió nuestro nuevo hábito. Las noches que pasamos sin hablar, las mañanas que pasaron sin los buenos días, los días en que solo hablábamos por cinco minutos, todo era normal. Tu paraste. Así que, yo pararé. O, al menos, lo intentaré.
No hay comentarios:
Publicar un comentario