Presente y pasado.

9 mar 2015

La semana pasada le pedí perdón a mi yo de 13 años por los insultos y las lágrimas y las heridas y me abrazó fuerte y me dijo que estaba bien, que estábamos bien. Es solo que - ella no es la niña a la que arruiné, sabes?
Recuerdo a la niña de antes de ella con tanta claridad que me asusta. La recuerdo con tanta claridad que es como si nunca hubiese sido yo, como si estuviese a su lado en vez de ser ella. ¿Sabes lo que quiero decir? Recuerdo su risa, su sonrisa, el brillo en sus ojos. Simplemente no puedo relacionar esa chica con la que soy ahora. Es decir - es casi como otro mundo totalmente diferente. Siempre tan feliz y orgullosa de su familia y de sí misma y nunca preocupada por lo que los demás pensaran de ella. Creo que ese es el problema - ella nunca supo que le tenía que preocupar. Nunca supo que debía ser cualquier cosa menos feliz. Ella vivía para sí misma porque nada más parecía una opción, no entonces.
La echo de menos, creo. Sí, lo hago. No creo que ella me echase de menos si me conociese.
Me pregunto si me reconocería ahora, pero también me pregunto si la reconocería yo. Parece que está a mil años luz de aquí. A toda una vida de distancia. 
Es gracioso, creo que he crecido bastante, que he aprendido bastante, que soy más lista, más inteligente, mejor. Pero si pudiese encontrarme con mi yo de 10 años no le daría ningún consejo. No le diría que haga o deje de hacer nada. No tendría nada para enseñarle
Si conociese a esa niña - creo que cogería su mano y la llevaría a mi mejilla y diría: enséñame cómo estar sola. O quizás: enséñame cómo estar sola y feliz. Pero, sobre todo, le diría: enséñame cómo ser feliz.

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