Siento que estoy en medio de una tormenta interminable, mientras todos están al sol. Siento frío, mientras todos tienen calor. Siento una tristeza profunda en medio de un mundo feliz.
Siento un vacío enorme en el pecho, que no parece irse con nada. Mucha gente piensa que cuando te sientes vacía no sientes nada, pero no es así; sientes eso, el vacío. Un agujero en el pecho que te absorbe y no te deja seguir. Sientes que hay algo que te falta, algo que necesitas y no tienes, algo sin lo que no puedes ser feliz. Te hace mal, te hace sentir que sin eso estás incompleta, vacía. Es tener ganas de llorar en todo momento, mientras los demás ríen. Es hundirte en mitad del mar, mientras los demás nadan y juegan despreocupados. Es soledad, una gran soledad. Puede sonar a cliché, pero realmente es sentir que aunque haya miles de personas a tu alrededor, estás sola.
Y ese vació, esa falta de algo, te provoca una angustia insoportable. Y empiezas a llorar, todos los días y a todas horas, lloras sin saber por qué. Y llega un momento en que ya no sabes quién eres, porque sin eso que te falta, no eres tú; eres otra persona, y no te reconoces.
Lo peor de sentir el vacío, es no saber qué es lo que falta. ¿Cómo podrías curar una enfermedad sin saber cuál es? El vacío es igual, para poder recomponerte, necesitas saber qué es eso que te falta. Pasas horas y horas pensando en ello, tratando de entender, qué puede haber tan importante que su ausencia te provoque este dolor.
Progresivamente vas perdiendo las ganas de todo, el vacío se va volviendo más y más grande, incontrolable. Un día de repente se te empiezan a ir las ganas, y no quieres salir, luego no quieres ver a nadie, después no quieres hablar, y llega un momento en que se te hace difícil hasta salir de la cama. Dejas de dormir, dejas de soñar, dejas de pensar, y un día, dejas de sentir.
El vacío te lleva a un lugar frío y oscuro. Solitario. Y poco a poco, te vas alejando de todo y de todos, pierdes el amor, la ilusión... Hasta que sin darte cuenta, te pierdes a ti.
Siento un vacío enorme en el pecho, que no parece irse con nada. Mucha gente piensa que cuando te sientes vacía no sientes nada, pero no es así; sientes eso, el vacío. Un agujero en el pecho que te absorbe y no te deja seguir. Sientes que hay algo que te falta, algo que necesitas y no tienes, algo sin lo que no puedes ser feliz. Te hace mal, te hace sentir que sin eso estás incompleta, vacía. Es tener ganas de llorar en todo momento, mientras los demás ríen. Es hundirte en mitad del mar, mientras los demás nadan y juegan despreocupados. Es soledad, una gran soledad. Puede sonar a cliché, pero realmente es sentir que aunque haya miles de personas a tu alrededor, estás sola.
Y ese vació, esa falta de algo, te provoca una angustia insoportable. Y empiezas a llorar, todos los días y a todas horas, lloras sin saber por qué. Y llega un momento en que ya no sabes quién eres, porque sin eso que te falta, no eres tú; eres otra persona, y no te reconoces.
Lo peor de sentir el vacío, es no saber qué es lo que falta. ¿Cómo podrías curar una enfermedad sin saber cuál es? El vacío es igual, para poder recomponerte, necesitas saber qué es eso que te falta. Pasas horas y horas pensando en ello, tratando de entender, qué puede haber tan importante que su ausencia te provoque este dolor.
Progresivamente vas perdiendo las ganas de todo, el vacío se va volviendo más y más grande, incontrolable. Un día de repente se te empiezan a ir las ganas, y no quieres salir, luego no quieres ver a nadie, después no quieres hablar, y llega un momento en que se te hace difícil hasta salir de la cama. Dejas de dormir, dejas de soñar, dejas de pensar, y un día, dejas de sentir.
El vacío te lleva a un lugar frío y oscuro. Solitario. Y poco a poco, te vas alejando de todo y de todos, pierdes el amor, la ilusión... Hasta que sin darte cuenta, te pierdes a ti.
No hay comentarios:
Publicar un comentario