Aquí estoy sentada sola en al oscuridad, tratando de respirar lo más calmado posible mientras me imagino tu sonrisa cuando la veas. Vuestros ojos se cruzan y noto cómo estás volviendo a ser feliz de nuevo; después de todo, solíamos compartir las mimas miradas. Unas de pura inocencia, la sensación de emociones nuevas y excitantes, el sentimiento de que se preocupaban por ti. Es como si te atropellase un tren, el darse cuenta de que ya no significo la más mínimo para ti mientras yo aún puedo sentir tus dedos recorriendo mi espalda. Joder, no puedo ni llorar de lo vacía que estoy. La desesperación ha secado no solo mis lágrimas, sino también mi capacidad de hacer cualquier cosa aparte de temblar. Últimamente tiemblo muy a menudo y la cafeína no ayuda. Los temblores no son de emoción como cuando recibía un mensaje tuyo y sentía felicidad plena. Son más bien como cuando me dijiste que ya no me querías y mi sangre se volvió helada. Así es como es ahora, pero mi sistema circulatorio entero se ha congelado y sinceramente lo único que me podría calentar un poco en este momento sería tu tacto, tu tacto que permanece y me arde, pero también me recuerda de esos momentos en que estábamos abrazados tumbados en tu sofá. Es egoísta, pero debo decir que sé que el único motivo por el que te has volcado en ella es porque necesitas la validación de que mereces la pena, lo que es irónicamente cruel porque eso es todo cuanto yo te di y lo que tú nunca me diste.
Yo seguiré aquí, en la oscuridad, en tu sombra, con la ilusión de que algún día mi luz vuelva junto a mí.
Yo seguiré aquí, en la oscuridad, en tu sombra, con la ilusión de que algún día mi luz vuelva junto a mí.
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